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Ni el frio ni la distancia, Comunicadores Rurales empezando

6 de enero 2008
Sonia Ramos Baldárrago/Arequipa

Sonrisas. Ojitos brillantes con sueños que aprendí a descubrir. Vocecitas que nacían desde la inocencia e inquietud de 13, 14 y hasta 16 años de edad. – Señorita no hablamos mucho porque somos tímidos- me dijeron dentro de sus primeras frases de intercambio, con su rostro casi cubierto por mantos andinos multicolores que aún visten en sus comunidades.

- ¿Timidez, entonces nos tenemos que ayudar? - Pensé en silencio en momentos que me abrumaba la decisión y la confianza que deseaba transmitir. Era el momento de dar lo que quería que antes dieran por mí: conocimiento máximo para descubrir lo impredecible.

Que miedo sentí, lo confieso. Había empezado una rutina nueva de trabajo, había que retomar actividades pendientes, entre ellas iniciar un taller de capacitación de radio a jóvenes aún estudiantes de las comunidades de la Reserva Nacional de Salinas y Aguada Blanca (Área Natural Protegida de Arequipa) y los planes ya estaban propuestos.

Viaje
En una mañana fría de setiembre del 2008 preparé mi mochila. Con suerte esta vez fui en camioneta. El primer destino fue San Juan de Tarucani. Detrás del tutelar de Arequipa, el volcán Misti, lo nuevo estaba por suceder.

Debilitada. Así llegué a la comunidad. Pero los saludos con un fuerte apretón de mano de gente humilde, empezaron a sacar la energía inexplicablemente. Segundos después de reconocer el espacio físico, entré al estrecho local de la plaza principal de San Juan, donde el viento helado entraba con fuerza por ratos.

Encuentro
Ahí estaba frente a los ansiosos pequeños comunicadores rurales. Fue como magia. Me nació una sonrisa imparable. Empezamos a conocernos como cercanos amigos. – Me llamo Janet Quispe Molleapaza y quiero aprender del periodismo para informar lo que ocurre en mi pueblo- dijo una de las integrantes, que como sus amiguitas llevaba puesto un faldón con polleras vistuosas que no dejaban de llamar mi atención.

Segundos después un travieso por ahí hizo una broma y todos empezamos el taller de radio contagiados por chispas de inocencia que desconocía hasta entonces. – Quiero que piensen en la radio que desearían en su comunidad. Quiero que sueñen cómo sería su radio. Qué nombre le pondrían, quienes la conducirían- fueron las ideas que les di.

Se reunieron en grupos. Empezaron la discusión y por ahí ya se dejaban ver las hojas de papel con nombres que debería interpretar al escucharlos atentamente. Pronto al mismo tiempo me avisaron que todo estaba listo.

- Bien, conoceremos sus proyectos. Esta es una oportunidad para romper nuestra timidez, porque desde que me hablaron me dije: “ustedes no son tímidos”, empecemos a conocernos más-, hablé.

Empezó el primer grupo. – Nosotros le pondremos a nuestra radio “Aldaba”. – Por qué Aldaba- pregunté de inmediato. – Porque en nuestra comunidad es el cerro más hermoso que tenemos. Cuando tenemos tristezas, o cuando tenemos grandes alegrías, nuestros padres nos llevaron hasta él. Es nuestro compañero y siempre nos escucha, ese es el nombre perfecto que hemos pensado-, me respondieron.

No tenía palabras. Nunca lo hubiese pensado. Nuestra radio empezaba a nacer con una fuerte identidad de su gente. Un valor que no había en mi ciudad, donde el estrés y el ruido de las ciudades son parte de otro escenario muy distinto.

El turno fue para Wilbert, Héctor Chancolla, Elizabeth y Magaly. – Nosotros le pondremos “Nuevo Despertar”, porque queremos que cada mañana cuando nuestra comunidad despierta nazcan nuevas esperanzas-, explicaron con un vivo entusiasmo.

Me quedé helada. Pero esto no acababa. En nuestro primer taller, propusieron dentro de su programación un tiempo para la cita con el “Doctor Corazón”, un espacio que se llamaría entre amigas (para los adolescentes), cosas del corazón (para los enamorados), y otros espacios para escuchar, siempre para escuchar al oyente, a su gente, a ellos mismos.

Lo recuerdo todo en ese reducido espacio. No fui yo quien les enseñé algo más para sus capacidades. No fui precisamente quien los dirigió para hacer sus primeras entrevistas en la comunidad, cuando cogieron su grabadora y empezaron sus preguntas con seguridad que ni ellos pensaban que eran capaces. Fueron ellos y ahora lo saben, los grandes comunicadores rurales, que me dieron el taller que nunca imaginé.

Identidad, talento, superación y sueños más cercanos con la ilusión que esperan un impulso, un “vamos por ellos ahora mismo”. Falta mucho, falta conocerlos de cerca. El Proyecto Gestión Participativa de Áreas Naturales (GPAN) dio los primeros frutos en la comunidad de San Juan de Tarucani, dentro del ámbito de la Reserva Nacional de Salinas y Aguada Blanca. Pero la ruta por el largo camino, recién empezó y no sólo en San Juan de Tarucani, también en la comunidad de Chalhuanca, ubicada en la provincia de Caylloma- Arequipa, parte de la Reserva Nacional.

Hoy ya no los veré continuamente. Pero seguirán allí en su comunidad para demostrar a otros su poder escondido detrás de “Aldaba”, su protector. Envueltos con ese viento helado de las tardes y las noches y de esa soledad que a veces abruma pero quien creyera. Ellos permanecerán allí, haciendo y cumpliendo uno de sus sueños: ser un comunicador rural con esencia propia.

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