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Madre agua nos cría y Pachamama nos alimenta

RETOMAN TRIBUTOS AL AGUA Y A LA TIERRA FRENTE AL CAMBIO CLIMÁTICO
Mientras en las alturas de Arequipa los ancestros nos legaron pagar a la Pachamama con ofrendas, en Ayacucho rinden culto a la bendita agua que les da la vida.
Sonia Ramos Baldárrago
Fotos: Colaboración Asociación Bartolomé Aripaylla - ABA – Ayacucho
Publicado en el diario Noticias


Existen comunidades donde uno se despierta sabiendo que el agua es nuestra madre y padre a la vez. Quispillaccta, perteneciente al distrito de Chuschi del departamento de Ayacucho, es una muestra. Marcela Machaca Mendieta, integrante del Núcleo de Afirmación Cultural Andina – ONG NACA – llegó a Arequipa para contarnos lo que sus ancestros le contaron.

En el año 1 650 esta comunidad padecía de agua hasta que un 7 de setiembre un humilde abuelo herrero en busca de carbón, cuando caminaba por el monte del lugar halló dos patos que cantaban “tatata…” y detrás se venía el agua. Todo el pueblo llegó cargando una chacata (cruz alta) por el milagro y ese día hubo una gran fiesta que hoy frente a las inclemencias de la naturaleza continúa con más devoción.

Marcela Machaca nos dice que la celebración empieza el 30 de agosto y cada 7 de setiembre es la fiesta de Yarja Aspi (limpieza del agua), donde ofrecen rituales a sus puquiales y manantiales.

Este encuentro es para ver el modo de ser del año agrícola. Es para llamar la abundancia y recepción de la lluvia que retorna en la nueva temporada de ‘puquy uku’ (temporada de lluvias).

Las más de mil 200 familias dan tratos especiales a las mujeres, porque la identifican como “el agua” o llamada también Yacumama (madre agua) por su sensibilidad con el líquido elemento, con la tierra y con la semilla.

Desde las 4 de la mañana las autoridades convocan al Ayllu. Hay misa en la comunidad para las bendiciones y los permisos a las principales deidades (autoridades), mama alcaldesa y sus regidores.

Sólo este día del año, los niños y adultos adornan sus sombreros con la quiriwaylla, flor única del distrito de Paras, que es distribuida por el Sallqa alcalde, quien con anterioridad recolectó la flor con matahuayta (ramitas del lugar).

Jóvenes y niños se disfrazan de chunchos, de jamites (etnias del norte) y de pistacus (diablos del cerro).

“Este día las mujeres comemos hasta el cuello”, nos dice sonriente Lidia Machaca, hermana de Marcela. Y es que es día de la abundancia, de los ollucos, maíz, trigo, papas y habas. El pueblo se dirige al ojo de Antapampa, donde hay cinco tomas o canales de agua hacia sus chacras y allí se desata la algarabía.

Lidia Machaca recalca que las mujeres cantan “la pasión del agua” y corren por las chacras. Ahí mismo 24 parejas de varollos (esposos) portan varas y pasean hasta la noche. Las mujeres les bailan y deben pasar por las 24 casas. La fiesta se extiende hasta las 10 de la mañana del día siguiente luego de haber rendido culto a sus padres (el agua), persona viva y donde comprenden una vez más que son “uno sólo” sin importar religiones, ni razas.






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