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Lo que otros votan otros lo aprovechan

Hizo empresa con escamas de pescado
y viajará enseñando el litoral del Perú

Lic. Sonia Ramos Baldárrago
Periodista y Comunicadora Social

Gana dinero limpiando el mundo. Eso pensé cuando conocí a doña Avelina Lazos Mendoza. De paso por Talara al norte del Perú nos encontramos una noche de mucho calor como son todas aquí por donde se camine. Ingresé a un salón del municipio provincial.

Lo que vi me atrajo. Eran flores, animales y aretes de vivos colores. Eran adornos para engreír un rincón de la casa. También para engreírme por qué no con un par de aretes que entonaban con mi polo rosado. – ¿De qué son?, pregunté. Entonces no lo creí. La materia prima ya trabajada eran kilos y kilos de escamas de pescado. Por si fuera poco se trataba de un negocio rentable.

Pero al grano. Doña Avelina y su hermana Luisa empiezan a confesar. Todo pasa hace treinta años. Talara carecía de artesanía, de artículos culturales propios. Es Petroperú quien inspirado en la que alguna vez fue la “ciudad del jardín” debido a sus llamativas flores, da le primer golpe. La empresa asocia esta necesidad con la riqueza marítima y nace la artesanía a base de escamas de pescados con la firme consigan de cuidar el medio ambiente.

“Fuimos capacitados 30 emprendedores a través de Fondepes. Gente de Cancas, de Punta Sal, Negritos y El Alto nos arriesgamos”, recordó sonriente doña Avelina.

Las hermanas saben que el petróleo se acabará algún día. Que la tierra nos pedirá cuentas si la seguimos ensuciando. Así que una manera de contribuir y además de dar trabajo es esta.

Con anticipación doña Avleina se provee de escamas, ella paga entre veinte y treinta soles por cada kilo. Sabemos que en cualquier mercado laboran por lo menos veinte comerciantes en este rubro y ahora sé que están perdiendo dinero. Hasta yo me estoy animando a vender pescado, claro si me compran las escamas de mis sufridos pescados. Al menos queda recomendar que no tiren la plata que luego encima apestará. En Arequipa tenemos mar, así que tenemos riqueza.

Las ingeniosas hermanas trabajan con las escamas del mero, la corvina, la cherela, loro y cuando pueden conseguir las del paiche selvático. También utilizan caracoles y concha de nácar.

Se requieren tijeras y una pinza para doblar el pétalo de la flor. Primero lavan las escamas tres días con detergente. Luego habrá que cortarlas. El pintado se hace con tintes de ropa. La base del florero por ejemplo puede ser un caracol decorado con barniz. Es resto es pura imaginación.

Si me preguntan por el olor del pescado doy fe que no huele mal. Así que también me animaría a ser una principiante en este arte. Lo bueno es que mis orejas están adornadas con un par de aretes rosados de escamas que una gran amiga y colega me regaló y que por cierto efectivamente hacen juego con mi polo rosado.

Bueno doña Avelina no para. Ahora viajará por el litoral peruano con el apoyo de Fondepes y capacitará a hombres y mujeres que se arriesguen en este negocio. Repito, no suena mal “ganar dinero limpiando el mundo” ¿Puedo apuntarme?

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