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Voces de nativos que deciden conservar Güeppí


Tomado en su totalidad de:http://xurl.es/lzdi0


En este territorio de la amazonía loretana está la zona reservada de Güeppí, una extensa área natural protegida, donde se tiene previsto explotar petróleo. Ahí, hay fauna y flora en extinción, y, sin embargo, se le han abierto las puertas a la industria petrolera. En el corazón de esta reserva natural está el lote 117 donde la empresa brasilera Petrobras Energía Perú S.A tiene licencia para explorar y explotar hidrocarburos.



A Güepí, allí donde empieza el Perú, por primera vez llega una cámara de televisión y recoge la voz de nativos, peruanos también como usted, que han decidido defender este territorio de lo que consideran una posible amenaza de depredación.

Cuarto Poder llegó a Güepí después de un largo viaje por la ruta considerada como la más corta que nos lleva en avión de Lima hacia Quito, Ecuador. La ruta por Iquitos toma ocho días. Luego se hace un viaje de 8 horas en ómnibus hasta El Coca, una ciudad ubicada en la línea ecuatorial.

Muy temprano, nos espera un bote, con tanta carga como número de pasajeros, para navegar en el río Napo por 10 horas. Al final, el bote llega a Roca Fuerte, un puerto ecuatoriano que está frente a la ciudad de Pantoja, en la frontera con el Perú.

Ya en territorio peruano, después de un trayecto casi interminable, nuestra selva se abre paso, envuelve con su brillo y nos regala la primera imagen de un travieso achuni trepado en el arma de un soldado del ejército peruano en plena frontera.

Güepí fue declarada zona reservada en 1997. Desde entonces se ha protegido especies de flora y fauna en situación vulnerable y en vías de extinción. En el 2006, Petroperú y la empresa Petrobras Energía Perú S.A suscribieron un contrato para la exploración y explotación de hidrocarburos del lote 117.

Sorprendentemente, un lote superpuesto al mismo territorio del área natural, es decir a la zona reservada de Guepi y su zona de amortiguamiento. La petrolera brasilera funcionaría dentro de este territorio lleno de vida silvestre.

Sucede que la zona reservada de Güepí es de carácter transitorio, lo que ha permitido que el Estado decida cuál debe ser el uso directo de estas tierras. Tener la categoría de zona reservada no la hace intangible.

Es por eso que Petroperú entregó hace seis años una licencia de explotación de hidrocarburos en Güepí. Petrobras aún no ha ingresado a la zona ni ha tomado posesión del lote 117, pero ya tiene la concesión para hacerlo. Pero son los nativos los más preocupados, porque también sus chacras están dentro del área petrolera. En Güepí viven 3,000 indígenas secoyas, kichuas y hiutotos.

Los secoyas viven en Puerto Estrella, una comunidad ubicada en el bosque tropical, al borde del río Lagartococha. Se mantienen del campo, de la pesca y de los animales que cazan para su alimentación. Aquí no hay Estado. Son ellos los que buscan hacer valer sus derechos de acceso a la salud y educación. Están en una constante lucha contra la geografía y el olvido.

Los niños trepan árboles con sonrisas amplias y juegan despreocupados en un río dorado no estudiaron el año pasado. Estos peruanos viven en una zona rica de petróleo, en un Perú con desarrollo económico prometedor, pero no pueden darse el lujo ni de enfermarse. No hay médicos, no hay medicinas.

Los secoyas, kichuas y huitotos tienen todas estas carencias en común, pero también un miedo que los une: no quieren que estas tierras resulten contaminadas por empresas petroleras.

Es por eso que se han puesto de acuerdo para exigirle al gobierno que eleve de categoría a Güepí de zona reservada transitoria a parque nacional definitivo y se cree dos reservas comunales. Pero este trámite está encarpetado por más de una década en Consejo de Ministros. Simplemente no es prioridad.

Güepí forma parte de un área natural de frontera que se extiende a Ecuador y Colombia. Ambos países ya han protegido esta zona con sus leyes de defensa del medio ambiente. Pero el Perú no lo ha hecho aún del todo, pese a que se forma parte de un corredor trinacional de conservación.

Para que Güepí cambie su categoría a Parque Nacional se debe demostrar que es hábitat de grandes unidades ecológicas. Decir que aquí hay 1,400 especies de plantas quizá no mueve a ningún ministro. Decir que aquí hay 184 especies de peces, 48 de mamíferos grandes, 437 de aves y 59 de anfibios puede parecer sólo exótico para las fotos.

Las taricayas, pedacitos de vida animal, elijen nacer frente a nuestras cámaras. Quizá sean ellas las que puedan explicarlo mejor que cualquier expediente técnico. Mientras usted ve este reportaje, en Güepí hay un grupo de personas que patrullan el río Lagartococha para llegar antes que los traficantes al nido de taricayas y evitar así que vendan los huevos en el mercado negro.
Son los guardaparques del Sistema de Areas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) que están en un lugar inhóspito por el simple hecho de que alguien debe proteger lo que es del Perú.

Para los especialistas de SERNANP todo depende de las nuevas tecnologías que se utilicen para la explotación de petróleo.

La idea es también que industria petrolera genere actividades productivas entre los indígenas para cambiar esa imagen de foco contaminador que llevan a cuestas desde épocas pasadas.

Y también hay una verdad ineludible. Si Güeppí es categorizada a Parque Nacional no significa que Petrobras sea impedido de ingresar a la zona, pues ellos ya tienen derechos adquiridos.
Este programa buscó a Petrobras para saber cuáles son sus proyectos a futuro en la zona reservada de Güeppí, pero prefirieron no darnos una entrevista. Esta empresa debe saber que es parte de su responsabilidad social informar a los pueblos indígenas sobre lo que será el uso futuro de las tierras en Güeppí, las mismas que SERNANP está dispuesta a proteger y fiscalizar.

En la comunidad secoya hay una leyenda del hombre que se convirtió en piedra por agredir a la selva y cazar a sus animales indiscriminadamente. Es por eso que aquí el nativo respeta hasta a las hormigas cortadoras de hojas. Qué queremos ser lejos de Güeppí: piedras o parte de una selva a la que deberías dejar de ver como un trazo más en el mapa del Perú.

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