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AUDIO: Mujeres de la tierra versus clima

Foto: Wilman Karol Estrada Villafuerte
En el campo no es casualidad escuchar los golpes del campo. En Quispicanchi como en Paruro, dos provincias del Cuzco, esos golpes son producidos por esas lampas que se mueven para producir la papa y el trigo, dos productos agrícolas vitales para su consumo diario y para la venta en sus mercados locales. Así se entiende el agro como una cadena de vida.

Leandra Condori Yauri es una mujer de palabra firme. Es de Quispicanchi y además la secretaria de la Federación Agraria Revolucionaria Túpac Amaru Segundo del Cusco-FERTAC. Leandra Condori llegó hasta Arequipa para hablar de su preocupación sobre el clima como parte de los eventos de la COP20 y también para hablar en tono enérgico del olvido del gobierno peruano frente a la agricultura. Para Leandra el presupuesto del Ministerio de Agricultura debería gastarse en:

“capacitaciones con asistencia técnica sobre trabajos en la tierra para obtener ganancias”.

Pero si la producción del maíz no es buena, continuarán transformando sus tierras para el cultivo del forraje de los animales. De ser así la pregunta es: ¿están sus actividades verdaderamente orientadas a su propia seguridad alimentaria?

Leandra Condori dice que ¡no! “Yo creo que la seguridad alimentaria debe ser una alimentación balanceada, pero la región del Cuzco no produce otros productos más. Produce las papas en las zonas alto andinas pero en los valles puedes trabajar todo: la kiwicha, la quinua.

Y es que los andenes podrían ser una alternativa para producir en seguridad alimentaria, sin embargo Leandra Condori advierte que ya no hay andenes, que sólo quedan andenes abandonados, que son terrenos descansados. Por si fuera poco, la escasez del recurso hídrico es también preocupante.

“Está escaseando el agua demasiado, no hay mucha cantidad de agua, se están secando los manantiales ahora peor que está siendo privatizado ya no son las comunidades campesinas dueños. De acá dos, tres años pagarán por litros para que puedan regar, sembrar un topo de terreno. ¡Cuánto tendría que pagar!, peor el fracaso uno no sabe qué hacer. Hay terreno ¿pero si no hay agua?, argumenta indignada.

En estas condiciones el deseo de migrar de los hijos de los campesinos aumenta. Es decir, terminan el colegio y se van, migran, buscan su forma de vivir, buscan en qué van a trabajar Algunos trabajan en las obras de las municipalidades y otros en proyectos mineros.

Leandra insiste en que las tierras ya están cansada y que se necesitan estudios para saber de qué forma se puede trabajar.

Esta realidad es similar en la provincia de Paruro en el Cuzco. Paulina Puma Carlos, también participante de la COP 20 que se realizó en Arequipa y dirigente en la FERTAC, comparte su preocupación sobre el agro.

“La preocupación son las enfermedades que están atacando a los productos que trabajamos”, indica, relacionándolo con las heladas en tiempo de frío y las sequías en tiempo de sol que anteriormente tenían una continúan pero el ciclo del clima y del tiempo han cambiado.

“Ahora está cayendo  la helada en tiempo que tiene que llover, hay meses que está nevando en meses que no tiene que nevar. Ahora en ese tiempo de cosecha está cayendo lluvia, hasta granizo está cayendo y está malogrando la cementera y la cosecha está pudriéndose, el maíz, el trigo. Entonces ha cambiado bastante, ha variado el tiempo climático y ahora para el campo mismo ya no vemos en qué tiempo sembrar en que tiempo cosechar”, detalla.

Entonces otras preguntas que surgen de inmediato son: ¿qué pasó con los conocimientos ancestrales para enfrentar climas extremos? ¿En qué momento se dejaron de transmitir estos conocimientos necesarios?

Paulina Puma dice que sus abuelos sabían en qué tiempo sembrar, en qué tiempo cosechar, y sembrar el maguey por ejemplo. Ahora eso ha variado. Sus abuelos contaban los meses. Todas las cosas ya estaban programadas pero actualmente el clima impredecible sigue ocasionando pérdidas económicas.

“Lo que se ha perdido más en las alturas es la papa. Ahorita papa no hay, anteriormente escarbábamos papas y así en llamas cargábamos en caballos pero ahora están trayendo dos o tres carguitas porque por decir en un topo le pones la papa y le ha atacado la enfermedad a la vez ha caído el granizo”, explica pero cuando todo parece ser un clima de problemas, la misma Paulina Puma se da cuenta de algo: su capacidad de adaptación, el surgimiento de aquellos nuevos conocimientos que ya deben compartirse por encima de los problemas.

“También ecológicamente para las fumigaciones estamos aplicando el molle, hay otras hierbas como el tarwi, con eso fumigamos ecológicamente lo estamos haciendo porque los plaguicidas e insecticidas nos están haciendo daño”, agrega de inmediato.

Paulina me mira sorprendida, quizá sólo en este momento descubre de su capacidad para renovar la tierra como la práctica cotidiana de abonar la tierra con el excremento de sus animales: la vaca cuyes o gallinas y para combatir las plagas con el molle. “La primera lampa de papa tiene un gusano que es peque peque y eso lo fumigamos con molle y a la vez el tarwi lo hacemos remojar. Hacemos hervir y con el agua lo fumigamos”, nos ilustra.

Y si bien las heladas son un motivo de preocupación, Paulina Puma aprendió qué debe hacerse y explica:

“De un momento a otro cae la helada. Nosotros vamos a nuestras chacras cuando son pequeñas vamos y prendemos candela en cada esquina al medio prendemos candelita entonces más o menos nomás pero si es grande tenemos en diferentes sitios no podemos porque la helada de un momento a otro cae”.

Foto: Wilman Karol Estrada Villafuerte.
Taller desarrollado  hacia la COP 20 en Arequipa en mayo del 2014
Leandra y Paulina no sólo son una muestra de mujeres que a pesar de las adversidades se aferran a su tierra, se abrazan de su campo y se resisten a abandonarlo aún en los climas extremos.

“Nosotros mismos nos estamos preparando cómo podemos hacer, aplicando esas cositas, ya poco a poco estamos aprendiendo”, lo reconoce.


Ellas son mujeres de esperanza, creen en su desarrollo, merecen que las escuchemos pero no sólo para que nos hablen de sus problemas sino principales para aprender de ellas y compartir de sus conocimientos ante las necesidades de adaptarse a un clima más impredecible.

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