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Especial: manos de la conservación y de la restauración en Arequipa-Parte IV



En el proceso de precisión técnica arquitectónica, de restauración en sillar, también intervinieron maestros talladores. 

Carmelo Peralta Quispe es el maestro de la restauración en el tallado del sillar. Sus participaciones se muestran a medida que caminamos junto a él por el Centro Histórico de Arequipa en detalles curiosos y menos pensados. Empezamos en la fachada del paraninfo de la Universidad Nacional de San Agustín, ubicada de la calle San Agustín. 

“Esta restauración se inició en el año 87 hasta el año 91 y tratamos de colocarle piedra granito, material de Arequipa, del distrito de Mariano Melgar. No tenía zócalo de piedra, era sólo de sillar pero hoy es protegido del agua y de los peatones que pueden manchar con su zapato”, recuerda con una lucidez envidiable.

El zócalo tiene una profundidad de 15 a 20 centímetros y se terminó en un mes. “El peatón es curioso” dice don Carmelo mientras coloca el pie apoyado en el zócalo, imitando lo que hacen inconscientemente algunos peatones.

El piso del local del Centro de Idiomas de la Universidad Nacional de San Agustín, tuvo un propósito. “En este caso cuando son monumentos no se puede poner piso de concreto, pero es una zona de tránsito. Ingresan alumnos y profesores y el sillar se gasta más rápido, sin embargo canto rodao y piedra no se gasta, tiene para años. La piedra que colocamos es de Camaná. Seleccionamos el tamaño de piedra, cargamos para Arequipa y nos hospedamos dos días”, cuenta don Carmelo con un brillo incontenible en su mirada.

El piso del paraninfo del recinto agustino, muestra la diferencia donde don Carmelo no intervino. “En este caso el piso es de sillar. Acá lo que estamos viendo es cómo se gasta, no es igual que piedra y canto rodado. De aquí unos 10 años más varios sillares se van a gastar; sin embargo por otro lado hemos visto la piedra, granito y canto rodado que no se va a gastar y eso va a tener para muchos años”, enseña comparando resultados en el tiempo.

Antes de retirarnos del paraninfo, don Carmelo nos muestra el resultado de su tallado. “Ahí está mi escudo el escudo de la Universidad Nacional de San Agustín”, señala emocionado. Recuerda que lo talló en el año 1992. Ese es sillar rosado es de Uchumayo. En Arequipa nunca se usó, afirma sólo en el Arzobispado. “Poca gente le da importancia al sillar rosado, pero es hermoso”, agrega.

La construcción del zócalo de las tres fachadas debajo de los portales de la Plaza de Armas, también contó con su participación. “Hoy en día la gente ya no mancha al colocar sus zapatos en las paredes, ya no ensucian y hoy con orgullo miro ¡qué lindo! ya nadie pinta”, exclama en momentos que caminamos por los portales de la Plaza.

En agosto del año 2002 se colocaron perillones de piedra granito para proteger la pileta de la Plaza, evitando que la gente no ingrese. “Estos perillones son piedra granito, hemos hecho tallar en Mariano Melgar hay unos apellidos Sahuanay, ellos nos han tallado en aquel entonces y las cadenas fueron conseguidas por el mismo doctor Guillén (ex alcalde y ex presidente del Gobierno Regional de Arequipa) de la marina. Son cadenas para amarrar los barcos grandes”, termina de explicarnos pidiéndonos que demos vuelta alrededor de la pileta.

Su máxima intervención fue en las torres de la Basílica Catedral de Arequipa, que resultaron con graves daños con el último terremoto del año 2001.

“Se ha hecho mucho esfuerzo por recuperar las torres, inclusive para recuperar las molduras, las figuras que tenía ¡era imposible! Sin embargo he tenido que recursearme. De lo fotógrafos que trabajan en la Plaza les compré fotos con diez soles, de esa forma se ha recuperado todas las molduras y me siento orgulloso de haber restaurado. De haber complementado pieza por pieza. Buscar qué figuras tenía. La labor era ardua para mí. Muchas veces  he tenido que amanecerme dibujando hasta las dos de la mañana, tres de la mañana pero se recuperó. Ahí en el centro, ese agujero se llama ojo de boy, arriba hay un tipo escudo, es el lozetón, en los costados hay molduras y varias cornizas. Todas esas cornizas no habían. Ya había volado todo”, recuerda con claridad mientras observamos las fotografías de su trabajo en las torres.

Otros monumentos pasaron por las manos de don Carmelo, como la iglesia de la Merced. Fueron necesarios ocho meses para restaurarla. “La iglesia tiene 3 naves. Nave central y dos naves laterales. En las naves laterales se habían caído varios sillares pero se completó todo. Se intervino interiormente la cúpula, la sacristía más la fachada se hizo limpieza de todo. El zócalo de piedra no se tocó. Acá tenía que tener una cornisita, una moldurita pero en una sola pieza hasta abajo. Hubiera quedado mejor. No había estos parches” enseña mostrando los errores de la corniza existente.

El pintado del sillar
Aprovechando estos consejos don Carmelo, aprendemos los errores en el pintado de las fachadas de sillar de las casonas del Centro Histórico.

“No se puede utilizar pintura esmalte o pintura al agua. Tiene que ser pintura cal hay que preparar eso, caldeado se llama eso. Hoy en día compran pintura en galón y cualquiera lo pinta. ¿Qué hace esa pintura? Esa pintura tapa los poros porque el sillar emana gas, si hemos pintado con pintura al agua ya hemos tapado todos los poros ya no respira el sillar y se deteriora interiormente”, ilustra rapando las capas de pintura que se adhieren fuerte a las paredes de las casonas.

De la mano de los artistas y maestros restauradores y conservadores de Arequipa, reconocemos que un problema no aparente es el agotamiento de las canteras de sillar en Arequipa. “Estamos hablando de las canteras de Añashuyco y veo que nadie se preocupa de esto. Están invadiendo las canteras de sillar. Si no hay sillar, pasados los años no vamos a poner adquirir sillar, por qué porque ya no se va a poder sacar porque tendrá dueño”, advierte.

Y es que antiguamente el sillar se traía del pueblo joven independencia. Un sillar de color medio azulejo a crema. En este caso el sillar es un color suave. “Tiene piedritas ya no tiene tanta porosidad, es casi macizo por eso se reconoce que es de Añashuyco”, muestra con total certeza don Carmelo.

Avanzando en la caminata junto a don Carmelo, es innegable no darse cuenta de su conocimiento de Arequipa a la medida. Mira un bloque de sillar y dice sin guincha que tienen 42 centímetros por 42 centímetros.

Su historia
La historia de don Carmelo se inicia en la Escuela de artes Carlos Baca Flor en el año 1977. “Este ladrillo parece antiguo pero no es antiguo se ha fabricado ese año mismo, se ha tallado ese mismo año. Aquí aprendí los primeros artes, los primeros tallados”, recuerda nostálgico al señalar los portales en el primer patio al ingresar a dicha escuela.

En el caso del piso del patio este es un canto rodao más rústico, esta piedra ya no es de Camaná es del río de Chiguata. Usted es arequipeño, le digo, yo soy puneño, me responde, agregando que se siente más arequipeño.  Es ese amor de la la tierra que lo vio crecer la inspiración de sus constantes ideas para la conservación del patrimonio arequipeño como la de dejar una escuela. “Recomiendo al señor alcalde que cree una escuela de taller, yo podría enseñar a tallar”, expresa.

“Ahorita todas las autoridades hablan del turismo, sin embargo no hay quien se preocupe en restaurar las casonas. Hoy hasta profesionales en Arequipa no conocen toda la ciudad yo sin embargo en mis horas libres sábado y domingo taxeo y conozco toda Arequipa”, remata con orgullo y razón no le falta.   

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